Mirando al pasado…
Imaginemos un ancestro humano potencial con un peso de 35 a 45 kg (el rango de peso aproximado de algunos Australopithecus y Paranthropus), viviendo en África durante el Plio-Pleistoceno. Este
pre-humano ancestral tiene una anatomía y un patrón digestivo similar al de los
simios. Además, tendría la típica dieta de los homínidos, rica en hidratos de carbono la mayor parte de ellos complejos y
muy abundantes en fibra (frutos, hojas, brotes, flores y raíces). El
complemento necesario de proteínas y de grasa lo obtendrían mediante la
ingestión de insectos, reptiles y algunos pequeños mamíferos. Imaginemos
entonces que ocurre un cambio climático que dificulta el acceso al alimento de
calidad. Nuestro homínido podría entonces optar por ingerir el alimento de
menor calidad, o podría comenzar a realizar viajes energéticamente más costosos
para conseguir el alimento de calidad. Así que, nuestro hipotético ancestro
seguiría conservando la misma dieta pero ahora tendría un mayor gasto
energético, lo que a su vez le lleva a comer más de los alimentos que recoge
para saciar el coste. De esta manera su intestino evoluciona, y si la ingesta
aumenta, también lo hace su colon, pero si la ingesta no varía, pero sí aumenta
el gasto energético, entonces es el intestino delgado el que se desarrolla
aumentando así la absorción.
Este ejemplo ilustra de manera muy simple uno de los
pasos que pudieron ocurrir en la evolución de los homínidos hacia el Homo sapiens
moderno, y probablemente tardó muchos años en llevarse a cabo. Como este
ejemplo, muchos otros tuvieron que ocurrir para poder adaptarnos a los diversos
ambientes. La escasa ingesta de grasas (sobre todo procedentes de animales) llevó
a pre-Homo sapiens a adquirir una
mayor capacidad para almacenarlas eficazmente como reserva energética (genotipo
ahorrador), característica que también pudo serle útil para sobrevivir a
periodos de adversidad como la glaciación. También la escasez de azúcares y
grasas, pudo provocarle una avidez por estos sabores, que muchos años después
heredaríamos nosotros. Pero por si esto no fuera poco, nuestro aumento
encefálico no se había detenido, por lo que la selección natural de nuevo tuvo que encontrar mecanismos para
resolver los requerimientos de nuestro cerebro: su gran tamaño, su elevado
consumo de energía y su limitación para usar glucosa como único
combustible en condiciones normales.
Y así llegamos al Homo
sapiens actual. El producto de siglos de selección natural y sin embargo, no
han pasado aun tantos años, evolutivamente hablando, como para sentirnos muy
diferentes de ese ancestro hipotético. Nuestra constitución fisiológica,
nuestro diseño, sigue siendo similar al del paleolítico, y además,
conservamos nuestras nuevas adquisiciones evolutivas, una capacidad para
almacenar grasa en el tejido adiposo como ningún otro mamífero y un procesamiento
de los nutrientes, fundamentalmente la glucosa, regido por la insulina, por la
que nuestros sistemas celulares tienen una gran sensibilidad. Con esta nueva fisiología, nos encontramos además en
un nuevo medio ambiente, que no solo nos ofrece alimentos grasos y glucosa,
sino que nos los ofrece en cantidades en las que nunca antes estuvieron
disponibles.
…para entender el presente
La obesidad es una enfermedad crónica de origen
multifactorial que se caracteriza por acumulación excesiva de grasa e
hipertrofia general del tejido adiposo en el
cuerpo.
La obesidad forma parte del síndrome
metabólico siendo un factor de riesgo conocido,
es decir, predispone para varias enfermedades, particularmente cardiovasculares, diabetes tipo 2, apnea
del sueño, osteoartritis, así como a algunas formas de cáncer. La OMS considera que:
"La obesidad ha alcanzado proporciones epidémicas a nivel mundial, y cada año mueren, como mínimo, 2,6 millones de personas a causa de la obesidad o sobrepeso. Aunque anteriormente se consideraba un problema confinado a los países de altos ingresos, en la actualidad la obesidad también es prevalente en los países de ingresos bajos y medianos”
En la actualidad existen una gran
variedad de tratamientos para la obesidad que van desde la medicación hasta la
cirugía. No obstante, se ha estudiado el caso de la obesidad como una
enfermedad relacionada con una inadaptación al medio en que vivimos.
La medicina evolucionista señala
que el sedentarismo, el exceso de calorías en nuestra alimentación, el abuso de
hidratos de carbono de absorción rápida, de elevado índice glucémico y el
exceso de grasas saturadas son circunstancias que nos alejan del diseño
elaborado a lo largo de millones de años de evolución y en consecuencia derivan
en enfermedad. Según la medicina darwiniana, nuestros genes y nuestras formas
de vida ya no están en armonía y una de las consecuencias de esta discrepancia,
entre otras más, es la obesidad.
Y es que nuestra dieta actual es muy diferente a la
que tenían nuestros antepasados cazadores-recolectores, con el comienzo de la
agricultura dimos el primer paso hacia la alimentación moderna y con la
revolución industrial comenzamos a elaborar los alimentos hasta convertirlos en
los actuales y olvidamos nuestra antigua dieta, pero, ¿Cómo era realmente la
dieta paleolítica y en que la hemos variado?.
Aproximadamente el 90% de la dieta paleolítica
procedía de fuentes vegetales, principalmente cereales, con muy pequeñas
cantidades de proteína animal.
Los cereales, que son granos que
requieren ser molidos y sometidos a cocción antes de ser consumidos, hasta la
revolución industrial, se molían en piedras de molino y, a menos que fueran cernidos,
la harina contenía los componentes del grano entero, incluidos el germen, la cáscara
y el endospermo. Con la invención de la molienda mecanizada y con el empleo de
equipos para cernir la harina, el germen y la cáscara son eliminados dejando la
harina constituida principalmente por el endospermo, compuesto de almidón, lo
que lo hace un producto considerablemente pobre en proteínas y de
micronutrientes.
Con respecto a los
lácteos, con excepción de la leche materna, en la escala evolutiva el consumo
de lácteos es un fenómeno relativamente reciente, es decir, el hábito de consumo
masivo de leche es un adquisición moderna. De igual modo ocurre con el uso de
la sal.
Me moriré de viejo y no acabaré de comprender al animal bípedo que llaman hombre, cada individuo es una variedad de su especie (Miguel de Cervantes).
Hemos desaprendido
todo lo que la selección natural nos había enseñado sobre la alimentación y
estamos descubriéndolo miles de años después, y observando las consecuencias.
Pero si esto es así, si sabemos que estamos “comiendo mal”, ¿Por qué seguimos
los seres humanos manteniendo una dieta que no solo no es adecuada para nuestro
diseño, sino que además nos causa enfermedades como la obesidad?.
Intentando responder a
esta pregunta se han escrito decenas de artículos y libros, pero la respuesta
no es sencilla, y entraña el estudio de patrones individuales y colectivos de
alimentación. La alimentación en nuestros días ha dejado de ser un acto
meramente instintivo para adquirir un significado simbólico y se encuentra tan
entrelazada con la cultura, que entender por qué comemos lo que comemos es una
tarea que supone uno de los grandes retos de la antropología.
REFERENCIAS.
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P. (2008) La alimentación en la evolución del hombre: su relación con el
riesgo de enfermedades crónico degenerativas. Bol Med Hosp Infant Mex., 65:431-440
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Lev-Ran, A. (2001), Human obesity: an evolutionary approach to understanding our bulging waistline. Diabetes Metab. Res. Rev., 17: 347–362.
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