El don más humano


        Si un extraterrestre llegase a la Tierra por primera vez y nos viera, probablemente quedaría fascinado. Claro que suponer esta fascinación pasa por la aceptación previa, de que este vecino espacial, pudiera y hubiera desarrollado la capacidad de “fascinarse”. Supongamos que es así, que el recién llegado es lo más “humanamente” diferente de nosotros pues, de otra manera no podría continuar este relato. 

         La cuestión es que, es de esperar, que le sorprendan muchas características físicas de los humanos, quizás nuestra gran cantidad de pelo, quizás nuestra pequeña cabeza o el color de nuestra piel. Podría ser que se preguntara por nuestra forma de alimentarnos o por nuestra manera de andar sobre dos piernas. Pero sin duda alguna, aquello que despertaría más curiosidad en él sería esa red transparente que hace que cada uno de nosotros, individuales, distintos, estemos conectados, el lenguaje.

Fuente: http://lenguaehistoria.blogspot.com.es/2010/09/tres-lenguas-un-origen-muchas.html

      La comunicación es un hecho maravilloso en sí. Los humanos se comunican con una técnica exquisita, son capaces de transmitir sensaciones a través del cuerpo, reciben las sensaciones de los otros a través de los ojos, de los oídos, y por si esto no fuera suficiente, poseen un lenguaje articulado que crea infinitas posibilidades más.

        Si nuestro visitante estuviese dotado de ojos y orejas, similares a las humanas, no dejaría de admirar la cantidad de sonidos que un humano es capaz de emitir, o de movimientos que es capaz de ejecutar, al comunicarse. Claro que, si nuestro visitante tuviese orejas y ojos, es probable que en el lugar de donde procediera, también usara algún tipo de lenguaje. Es posible entonces que intentase aprender nuestro lenguaje para comunicarse con nosotros. Primero trataría de imitar nuestros movimientos, gestos (que son considerados por algunos el lenguaje universal); luego algunos sonidos y, finalmente, quizás consiguiese algunas cosas tales como, pedir comida. Esta manera de pedir comida a su vez, dependería del lugar donde hubiera aterrizado pues, los humanos desarrollaron una lengua distinta en casi cada zona geográfica, casi unas siete mil distintas en las actualidad.

        Si el extraterrestre no fuera tal extraterrestre, sino que fuera un humano perteneciente a una tribu muy pequeña que nunca ha tenido contacto con otros humanos, cuando nos viese y de inmediato nos identificase como de su especie, probablemente se preguntaría: ¿Por qué no hablan la misma lengua que yo?; Y si este humano, además, fuese un científico, sin duda alguna las preguntas serían varías, ¿Por qué el hombre, tan necesitado de transmitir información, ha adquirido evolutivamente un sistema de comunicación que le previene de comunicarse con los de su propia especie?, ¿En que momento surgieron tantas lenguas distintas y dónde?. Y es aquí, en este punto exacto, donde la polémica está servida.

Fuente: http://www.iesabastos.org/archivos/daniel_tomas/
4eso/evolucion-
humana/Evolucion_humana.htm
      El “origen”, el punto de dónde divergieron todas las lenguas, y cómo evolucionaron, ha suscitado el interés de lingüistas, antropólogos, historiadores, y cualquier persona inquieta, desde hace años. Lejos ha quedado ya la teoría de “La torre de Babel” que contaba la Biblia, pues hoy sabemos apoyados en la teoría de la evolución y en esa ciencia magnífica que es la Paleontología, que el lenguaje articulado apareció después de que se produjera el “descenso de la laringe” en los homo, característica que compartimos con nuestros parientes los chimpancés, pero que unida a una cavidad vocal con unas dimensiones determinadas, es responsable de nuestra capacidad para articular las palabras. Por tanto, y por más que muchos científicos deseen disponer de una información temporal tan exacta como la de La Torre de Babel, no hemos hablado desde el principio de los tiempos, así como tampoco hemos existido como Homo sapiens desde el principio de los tiempos.

      Darwin por su parte, defendió la idea de que las lenguas evolucionan igual que lo hacen el resto de individuos vivos por descendencia con modificaciones. Estudios recientes se han concentrado en averiguar tal similitud y, basados en las ideas del Darwinismo, han tratado de reconstruir la historia evolutiva de las lenguas a partir de árboles “filogenéticos”.

     Mark Pagel en su trabajo Human language as a culturally transmitted replicator, expone un bonito símil entre la evolución biológica y la evolución del lenguaje, y compara a los nucleótidos, aminoácidos y genes, con palabras, fonemas y sintaxis; a la mutación con la innovación, o a la transmisión horizontal con los préstamos de una lengua a otra. Pagel propone que las lenguas de alguna manera “compiten” por la supervivencia como lo hacen los organismos en la adaptación al medio y que, por tanto, las lenguas que sobrevivan, serán aquellas que se han adaptado mejor a los hablantes, aquellas han conseguido abarcar el todo, biológico y cultural, que suponen las sociedades humanas.

Como Pagel, otros ya se hicieron las mismas preguntas y sus interrogantes seguirán siendo los nuestros hasta el día en que aprendamos a entender ese fenómeno que es el lenguaje,  tan arraigado a la especie y tan complejo, que pocas veces percibimos su perfección. 

REFERENCIAS:

Chaline, J. (1996) De mono a hombre, una familia poco común. Ed. AKAL.

Martínez, I. y Arsuaga JL. (2009) El origen del lenguaje: la evidencia paleontológica. n.60, Munibe)

Pagel, M. (2009) Human language as a culturally transmitted replicator. v.10, Nature (genetics).

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